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    29/05/2006

    LA NOVIA ABANDONADA

    LA NOVIA ABANDONADA

    Todas las tardes llega la novia abandonada
    a sentarse a la orilla del mar; y la mirada
    fija en un punto como si no mirase nada;
    
    mientras que el mar, al son de su eterna canción,
    hincha y rompe las olas, de peñón en peñón
    como un niño que juega con globos de jabón.
    
    Los ojos de la novia preguntan por la vela
    que traerá al prometido... Y el llanto los consuela.
    Y el alma sigue el rumbo de un pájaro que vuela.
    
    No en vano son azules sus ojos; tal inspiran
    dulces y perfumados ensueños. Cuando miran
    los ojos negros hablan; los azules suspiran.
    
    Los niños en la playa corren a su placer;
    y la pálida novia se distrae con ver
    un barco que anda como si fuese una mujer.
    
    Sufre con el recuerdo de aquel lejano viaje
    de su novio a las tierras del Sol, de donde el traje
    de bodas vendrá un día; la espuma es el encaje.
    
    Pero también ¡quién sabe! teme para su mal
    que le arrojen las olas un anuncio fatal,
    entre una misteriosa botella de cristal.
    
    Y así una y otra tarde, y así uno y otro año,
    sin que asome su indócil cabeza al desengaño...
    ¡Ay! Pero la esperanza concluye haciendo daño.
    
    La esperanza es a modo de un torcedor interno;
    y un Purgatorio eterno, peor que el mismo Infierno,
    fuese la eterna burla para el dolor eterno.
    
    Tal se enfermó la novia; y enferma no quería
    abandonar su sueño. Y acaso hoy estaría,
    si no hubiese muerto, soñando todavía.
    
    Cuando entró en la agonía mirando la lejana
    plenitud de las olas, por entre una ventana,
    murmuró únicamente: --Tal vez vendrá mañana.
    
    Mientras que el mar, al son de su eterna canción,
    reventaba las olas de peñón a peñón
    como un niño que juega con globos de jabón...
    JOSÉ SANTOS CHOCANO
    26/05/2006

    HUELLA DE TU PRESENCIA

    Huella de tu presencia
     
     
    Oh tú que me has traído esa presencia cargada de tiempo,


    recuerda ahora la prematura sencillez con que posaban

    los amplios pájaros en la tarde,
    aquellos melancólicos telares del otoño,
    flotando ya continuos por las ternuras súbitas del alba.


    Piensa aquel valle secreto de tu perdido reino,
    todo ese verdor disperso, sin retorno,
    tan apacible a veces cuando cubre la niebla los cristales.


    Ven a mi lado, si, cenicienta de vida,
    santificada como una hoja de desierta memoria,
    acaso aquella que pendía de la leyenda vertical de un árbol-
    y que en ruinas dichosas dejamos en la carne.


    Acércate infantil y muda con tu claro misal entre tus manos,
    con tu infinita piel y tu caída soledad de lirio.


    Acércate y circula por el tierno contorno del aire
    en este día de forma triste.


    Despójate de todas las vanas palabras,
    aquellos ojos perdidos nuestros,
    sólo descubrirán ahora el vaporoso traje del rocío,
    (acaricia conmigo su húmeda ternura, su delicada huella,
    la dulzura nocturna de su llanto)


    Algo ha callado de pronto nuestros labios.


    Algo mortal y tenebroso cae del calendario sin rosas de
    tarde.

    Maria Adela Dominguez

    20/05/2006

    EVA

    EVA

    Calle Florida, túnel de flores podridas.
    Y el pobrerío se quedo sin madre
    llorando entre faroles sin crespones.
    Llorando en cueros, para siempre, solos.

    Sombríos machos de corbata negra
    sufrían rencorosos por decreto
    y el órgano por Radio del Estado
    hizo durar a Dios un mes o dos.

    Buenos Aires de niebla y de silencio.
    El Barrio Norte tras las celosías
    encargaba a Paris rayos de sol.
    La cola interminable para verla
    y los que maldecían por si acaso
    no vayan esos cabecitas negras
    a bienaventurar a una cualquiera.

    Flores podridas para Cleopatra.
    Y los grasitas con el corazón rajado,
    rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
    Calles de invierno donde nadie pregona
    El Líder, Democracia,
    La Razón.
    Y Antonio Tormo calla "amémonos".

    Un vendaval de luto obligatorio.
    Escarapelas con coágulos negros.
    El siglo nunca vio muerte mas muerte.
    Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
    visones ofrendados por el pueblo,
    sandalias de oro, sedas virreinales,
    vacías, arrumbadas en la noche.
    Y el odio entre paréntesis, rumiando
    venganza en sótanos y con picana.

    Y el amor y el dolor que eran de veras
    gimiendo en el cordón de la vereda.
    Lagrimas enjuagadas con harapos,
    Madrecita de los Desamparados.
    Silencio, que hasta el tango se murió.
    Orden de arriba y lagrimas de abajo.
    En plena juventud. No somos nada.
    No somos nada mas que un gran castigo.
    Se pintó la República de negro
    mientras te maquillaban y enlodaban.
    En los altares populares, santa.
    Hiena de hielo para los gorilas
    pero eso sí, solísima en la muerte.
    Y el pueblo que lloraba para siempre
    sin prever tu atroz peregrinaje.
    Con mis ojos la vi, no me vendieron
    esta leyenda, ni me la robaron.

    Días de julio del 52
    ¿Qué importa donde estaba yo?

    II

    No descanses en paz, alza los brazos
    no para el día del renunciamiento
    sino para juntarte a las mujeres
    con tu bandera redentora
    lavada en pólvora, resucitando.

    No sé quién fuiste, pero te jugaste.
    Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
    metiste a las mujeres en la historia
    de prepo, arrebatando los micrófonos,
    repartiendo venganzas y limosnas.
    Bruta como un diamante en un chiquero
    ¿Quién va a tirarte la última piedra?

    Quizás un día nos juntemos
    para invocar tu insólito coraje.
    Todas, las contreras, las idólatras,
    las madres incesantes, las rameras,
    las que te amaron, las que te maldijeron,
    las que obedientes tiran hijos
    a la basura de la guerra, todas
    las que ahora en el mundo fraternizan
    sublevándose contra la aniquilación.

    Cuando los buitres te dejen tranquila
    y huyas de las estampas y el ultraje
    empezaremos a saber quién fuiste.
    Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
    única reina que tuvimos, loca
    que arrebató el poder a los soldados.

    Cuando juntas las reas y las monjas
    y las violadas en los teleteatros
    y las que callan pero no consienten
    arrebatemos la liberación
    para no naufragar en espejitos
    ni bañarnos para los ejecutivos.
    Cuando hagamos escándalo y justicia
    el tiempo habrá pasado en limpio
    tu prepotencia y tu martirio, hermana.

    Tener agallas, como vos tuviste,
    fanática, leal, desenfrenada
    en el candor de la beneficencia
    pero la única que se dio el lujo
    de coronarse por los sumergidos.
    Agallas para hacer de nuevo el mundo.
    Tener agallas para gritar basta
    aunque nos amordacen con cañones.

     

    MARIA ELENA WALSH