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    26/02/2006

    VOY A DORMIR

     

    VOY A DORMIR



    Dientes de flores, cofia de rocío, 
    manos de hierbas, tú, nodriza fina, 
    tenme prestas las sábanas terrosas 
    y el edredón de musgos escardados. 

    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. 
    Ponme una lámpara a la cabecera; 
    una constelación; la que te guste; 
    todas son buenas; bájala un poquito. 

    Déjame sola: oyes romper los brotes... 
    te acuna un pie celeste desde arriba 
    y un pájaro te traza unos compases 

    para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: 
    si él llama nuevamente por teléfono 
    le dices que no insista, que he salido...

     

    ALFONSINA STORNI


    16/02/2006

    CANCION DEL ESPOSO SOLDADO

    CANCION DEL ESPOSO SOLDADO

     

    He poblado tu vientre de amor y sementera,
    he prolongado el eco de sangre a que respondo
    y espero sobre el surco como el arado espera:
    he llegado hasta el fondo.

    Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
    esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
    tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
    de cierva concebida.

    Ya me parece que eres un cristal delicado,
    temo que te me rompas al más leve tropiezo,
    y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
    fuera como el cerezo.

    Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
    te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
    Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
    ansiado por el plomo.

    Sobre los ataúdes feroces en acecho,
    sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
    te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
    hasta en el polvo, esposa.

    Cuando junto a los campos de combate te piensa
    mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
    te acercas hacia mí como una boca inmensa
    de hambrienta dentadura.

    Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
    aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
    y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
    y defiendo tu hijo.

    Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
    envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
    y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
    sin colmillos ni garras.

    Es preciso matar para seguir viviendo.
    Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
    y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
    cosida por tu mano.

    Tus piernas implacables al parto van derechas,
    y tu implacable boca de labios indomables,
    y ante mi soledad de explosiones y brechas
    recorres un camino de besos implacables.

    Para el hijo será la paz que estoy forjando.
    Y al fin en un océano de irremediables huesos
    tu corazón y el mío naufragarán, quedando
    una mujer y un hombre gastados por los besos.

     

    Miguel Hernández

    02/02/2006

    AMOR OCULTO

    AMOR OCULTO

               Ya de mi amor la confesión sincera
    oyeron tus calladas celosías,
    y fue testigo de las ansias mías
    la luna, de los tristes compañera.
              Tu nombre dice el ave placentera
    a quien visito yo todos los días,
    y alegran mis soñadas alegrías
    el valle, el monte, la comarca entera.
              Sólo tú mi secreto no conoces,
    por más que el alma con latido ardiente,
    sin yo quererlo, te lo diga a voces
              y acaso has de ignorarlo eternamente,
    como las ondas de la mar veloces
    la ofrenda ignoran que les da la fuente.

    Manuel del Palacio (1832-1906)       

    01/02/2006

    AMAME ESTA NOCHE

    ÁMAME ESTA

    NOCHE

     



    ¡Qué amante
    no será dichoso esta noche,
    qué amante no tendrá esta noche su dicha,
    su amor, su fiel amor contra su pecho!

    Ese amante soy yo,
    yo soy ese alma desolada entre la felicidad de los otros,
    entre los dichosos suspiros y los oscuros abrazos
    de los que pasan bajo la luna pisando la música
    desgajada y caída sobre la tierra nocturna.

    ¡Ah! La flor del amor me ha sido negada.
    ¿Qué hago entonces aquí?
    Mas la esperanza existe mientras vive el amor.

    Ámame esta noche, amor mío,
    ámame y no rompas este corazón que te pertenece
    y cuya enfermedad tiene tu mismo nombre
    y tu rostro y tu alma
    y tu cuerpo y tu gracia y toda tu figura.

    Francisco Arias Solís  

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